miércoles, 1 de abril de 2020

A solas con la mente, día 18.

Todo se confunde, el espacio-tiempo ha colisionado, ya no importan los números. La lluvia llegó, el frío se instaló silencioso empapando todo, la cojera se acrecienta, los días no pasan en balde. ¿Que había en el agua que tanto miedo provocaba? Ha habido inviernos peores pero la primavera es gris, los colores han huido buscando lugares más prósperos, el viento azota desbocado y las tormentas han tomado el mando. ¿Qué clase de guerra vivimos donde no se oye el estallido de las bombas ni el silbido de las balas? No hay sonido que acompañe el final, no hay aroma de tristeza en la despedida, solo el punzante abrazo de la soledad seguido por el beso de la muerte. Tiempo hace que se gritó que la historia había muerto, que ya no iba a haber más que contar, mas en las noches de neón se baila la respuesta, la vida es un ciclo, la historia resucita.
En todo conflicto la memoria recuerda a quien dicta órdenes, para bien o para mal, los libros están llenos de nombres que nunca padecieron el sufrimento de un error, pero los errores matan y no todo el mundo es capaz de asumirlos. 
Pese a todo una verdad asoma en el cementerio, quienes combaten los errores, quienes transforman la derrota en victoria, quienes escriben el borrador del guión que saldrá a la luz de los recuerdos, son siempre los mismos. No tienen nombre, voz, voto o rostro, no pedirán medallas al valor ni reconocimiento alguno, ni tan siquiera una palabra de agradecimiento. 
Solo quieren seguir con su vida sin que nadie les diga que tienen que hacer, la misma que se les arrebata con el paso de las horas. 
Puede que el tiempo recuerde a otros, pero todos saben quienes salvaron a las flores de la primavera. 
Nunca se olvida a quien devuelve el color a la vida. 

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