miércoles, 22 de abril de 2020

A solas con la mente, día 39.

El edificio se está derrumbando pero todos los días son iguales, como si el tiempo hubiera reducido la velocidad a un punto muerto que rompe la barrera del sonido. Todos tienen la misma preocupación reflejada de distinta forma, caminan hacia el abismo cantando canciones de todo tipo, mas el final resulta inamovible. Igual de peligroso es lanzar la moneda al aire que tratar de adivinar el resultado de la caída, la atomización general se palpa en la fisión del núcleo. La ciudad rebosa miedo, tantas teorías, tantos escenarios, ninguno parece el elegido hasta que sea demasiado tarde para cambiarlo. Supongo que al final se resume en eso, cambios, el motor de la historia, de la vida, del día a día. Qué poco gustan cuando se vive en equilibrio y como se desean cuando el viento sopla de lado, pero aunque conlleven lluvia que se lleve el presente, nunca cae agua al gusto de todos. 
Nadie está preparado.
Ya vienen. 

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