miércoles, 29 de abril de 2020

A solas con la mente, día 46.

Todo se acaba.
Las cosas que damos por hecho. 
Las vivimos como si lo fueran. 
El acento del inglés los domingos.
Las amistades que son eternas. 
La ausencia de resaca. 
El físico indestructible.
Los valores jurados.
Los besos que siempre estaban. 
La silla en la cabecera en navidad. 
La mascota que es familia. 
El primer amor. 
El chapuzón al volver de fiesta en verano. 
Los días victoriosos de los nuestros. 
La excursión de fin de curso. 
El viaje con los amigos. 
Las tardes con tus primos. 
El verano en que no faltaba nadie. 
El inverno en el que estaban todos. 
Las voces familiares detrás de la pantalla. 
Las conversaciones de madrugada. 
Llegar siempre tarde con bronca incluída. 
Esperar lo infinito por alguien. 
La caña en el bar de siempre. 
El café en el descanso. 
El pitillo antes de entrar a clase.
La serie en común. 
La mítica frase con la misma entonación. 
Las heridas en las rodillas. 
Los abrazos en medio de la noche. 
Los cumpleaños deseados.
La ilusión de la magia navideña. 
La inocencia de cuando eras niño. 
Nunca hay nada eterno. 
Todo se acaba perdiendo o cambiando. 
Ninguno se da cuenta hasta que pasa. 
La tormenta llega y lo lleva todo. 
Dejándonos con las manos vacias. 
Tratando de llenarlas de nuevo. 
Nadie ha muerto por ello.
Pero dime, tú que has llegado hasta aquí. 
¿Qué ves en el reflejo de las palabras? 







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