miércoles, 18 de marzo de 2020

A solas con la mente, día 4.

Hay minas en el suelo, cuidado donde pisas. Ojalá volver a aquella playa donde no había nada que temer, donde todo era puro y el mar deleitaba tus oídos con el mecer de las olas. Qué tiempos aquellos. Mas no es en la pureza donde está la virtud, es en el saber bailar entre explosivos mientras maravillas a los presentes y desahogas tus penas. Eso es un arte que muy pocos conocen y menos aún manejan, solo así se puede alcanzar el equilibrio perfecto en la acometida de plasmar los sentimentos en tinta sobre papel.
No te me pongas profundo que todavía nos queda mucho juntos. Esto es surrealista, vivimos en una simulación. Medidas de guerra en forma de meme, plan de choque en diferido, un presidente con color de dorito. Honor eterno a nuestros amigos peludos. El sonido de las pisadas en el barro, la coreografía de los árboles al sol del viento, los rayos de sol pintando un lienzo, parece irreal que entre tanta movida queden cosas de este calibre. Pantallas virtuales echando humo, historia de un sacrificio, cruceiros dando de comer a gente, calor humano en el tormento de la adversidad. Conversaciones sobre el futuro, mecanismo de cierre de emergencia. 
Tiempo de introspección, demasiado tiempo puede provocar exceso de revoluciones, conllevan temperatura de motor elevada que prosigue con pérdidas de potencia finalizando con rotura del aparato. Carrera perdida y campeonato aplazado por virus estacional haciendo que las pérdidas sean irreparables. 
Te falta ritmo para hacer este baile, siempre en contra del tempo, ahora mismo ya estarías volando por los aires.
Te lo perdono, hoy ha sido un buen día. 





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