¿Qué hacer cuando el mundo está cambiando? ¿Sentarse a esperar que empiece el fuego? ¿Resistirse a los cambios? ¿Adaptarse?
Quien sabe, algunos lo tiene claro, otros no tanto, ninguno está equivocado.
Muchas cosas van a ser diferentes, siempre que hay movimento lo excepcional se hace ley, las costumbres se acaban, nacen nuevas tradiciones, los muertos no pueden hablar.
El miedo recorre los corazones, necesidad de supervencia en la adversidad, el humano ha sido desposeído de su condición, solo es un número en una escala de valor.
Puede que esto sea el punto de inflexión de toda una generación, puede que todo siga igual, puede que nadie se acuerde el año que viene, o puede que el año que viene estemos en otro día de estas líneas.
Nadie lo sabe y ese el mayor miedo de todos, la incertidumbre, el no saber que será de lo que dabas por hecho, el cambio de guión en el último segundo.
Al final lo único que queda es la esperanza, esa que se convierte en tristeza al ver como el tiempo destruye sus sueños.
¿Qué voy a hacer?
Yo solo quiero ver el mundo arder.
Contigo o sin ti.
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