Vaya, me he quedado dormido, cómo si importara mucho en estas circunstancias. Oh que bien, pasta para comer, honor a nuestros camaradas italianos. Hoy no hay recordatorio a nuestros fieles amigos de cuatro patas, la culpa la tienen sus iguales en versión humana. Pues nada, parece que ha quedado buen día para un apocalipsis virtual, algunos dicen dos meses, otros no cierran nada, se multiplican los ERTEs, las ironías están a la vuelta de la esquina, pero oye en el fondo esto ya se sabía, sabemos dónde vivimos y quien está al mando, exacto, nunca hay nadie al mando. Tranquilidad que queda mucho, en la espera el mejor aliado es la comida o el pitillo, mejor comer, viene bien para calmar esto que sube por el cuerpo hasta la cabeza. Maravillas de lo virtual, en la adversidad es donde se ve quien hizo su vocación y quien se lava las manos, siempre son menos los primeros. Estamos solos pero ya lo sabíamos. Va a ser una batalla a todos los niveles, económico, social, espiritual... Suenan tambores de guerra desde las bolsas. Y aquí estamos tú y yo, una vez más, como tantas personas, enfrentadas ante un espejo. Murmulllo, silencio, palabra, silencio, pregunta, silencio, grito, silencio, golpe, silencio, desesperación, silencio, olvido, silencio. La habitación está agitada, mas no se escucha nada, porque no hay dolor en las palabras, hay dolor en el silencio.
¿Pero que tiene la ausencia de sonido que provoca tal sufrimento? ¿Es pensar que no hay nada más que decir? ¿Es no saber qué hablar?
Lo que da miedo del silencio es el propio silencio, el hecho de no romper ese estado por lo que pueda provocar, porque el silencio duele, pero las palabras matan.
Igual que todo este tiempo, igual que todas aquellas frases, siempre hay una parte que se queda en silencio después de una conversación.