domingo, 26 de noviembre de 2017

''Chaparrada''

Alguien me dijo una vez que la lluvia eran las lágrimas que las personas se guardaban para sí mismas en vez de llorarlas.
Está claro que lo mejor es no guardarse las cosas, pero también es cierto que muchas veces llega un punto en el que ya te da igual soltarlas que guardarlas, más que nada porque ya has hecho ambas demasiadas veces.
Entonces es cuando notas la tristeza en la lluvia, la rabia de las tormentas, la soledad del frío punzante o los rayos vacíos del sol. La luna ya no brillará más para ti, las estrellas serán puntos blancos sin sentido en el firmamento. Dejarás de recorrer las calles mojadas. de degustar los rincones perdidos de tu ciudad, dejarás de  bailar, las entrañas no te arderán más con bebidas sospechosas, el humo que se posa sobre tu cabeza se disipará. 
Puede que quizás al ver el panorama intentes gritar, alzar la voz para impedir el descalabre pero un nudo se apoderará de tu garganta, las piernas te fallarán, tus manos se pondrán a temblar como la tierra durante un gran terremoto, perderás el equilibrio, caerás al suelo.
Una vocecilla resonará en tu interior, pidiendo explicaciones acerca de lo ocurrido mas no sabrás darle respuesta alguna, para ti no existe tal cosa. Pero ella te seguirá preguntando, una y otra vez, la misma pregunta sin respuesta, hasta que llegue un punto en el que se canse, entonces se hará el silencio.
Ese mismo silencio se convertirá en tu dueño, dejarás de hablar de las cosas que te gustan, de las que no te gustan, de las que te hacen daño, de las que te producen impotencia, de las que te producen rabia, de las que te producen placer, de las cosas de la vida.
Te acomodarás en él, vivirás en el, en el reino de tu silencio, de tus gritos ahogados, de las palabras mudas, de los oídos sordos. Hasta que un día alguien llame a tu puerta, se cuele dentro de ti y se instale junto al silencio.

Y entonces lloverá como nunca antes había llovido.