El sol iluminaba el día en lo alto del cielo, el asfalto quemaba las suelas de las botas, una subida se alza desafiante. Levantas el pie izquierdo, una sensación de dolor te recorre toda la pierna, te apoyas como puedes y aprietas los dientes. Levantas el derecho, el maldito dedo sin uña te desgarra por dentro, cierras los ojos, maldices en el idioma de tu tierra y continuas adelante, no ahora, no vas a parar casi al final.
El murmullo del río te susurra en un oído, las estrellas observan atentas, el licor de hierbas te quema la garganta y los recuerdos empiezan a cruzar el puente que se alza sobre aquella corriente de agua. Los miras, el silencio entra en escena, cuando el último de ellos cruza, los ojos se te humedecen y la botella está vacía, mañana será otro día, pero el cigarrillo no te lo quita nadie.
Aquella chica danesa lloraba en tus brazos, estaba temblando, no sabias que hacer ni que decir. Cuando finaliza el abrazo en el que estabais fundidos te mira, en un perfecto inglés te dice que está bien, pero sabes que te está mintiendo, mucho dolor guardado durante tantos días la había llevado a esa situación. Después de un rato solo aciertas a dejarle debajo del cuchillo con el que estaba cocinando una nota con una frase escrita, "dont be sad, smile" con una cara sonriendo que podría haber sido dibujada por un niño de parvulario, ella la guarda en su cuaderno, suena brutal love, te sientes el hombre más afortunado del mundo.
Alzas la vista, nieve, solo ves blanco en los pocos metros que te deja ver el viento con granizo que golpea tu cara. Tu adrenalina se dispara, sonríes, no podías estar en mejor lugar en ese momento. Te ríes a carcajadas, el viento te impide ver más allá de un metro, las botas se hunden en la nieve, tienen la suela destrozada, los pies se te mojan, piensas en las ampollas que tendrás mañana, pero da igual, por primera vez en mucho tiempo, te sientes libre.
El barro hace sonar las pisadas, la lluvia besa tu cara, estás empapado de pies a cabeza, la niebla serpentea entre los árboles, las rodillas te hacen tirar de fuerza de voluntad para andar, en cualquier momento pueden venirse abajo. Todavía te quedan 15 km para llegar al albergue, no sabes si estás llorando o es la lluvia la que recorre tu cara, continúas andando, esto no va a acabar contigo.
Un túnel lleno de frases te rodea, llevas andando todo el día solo por esto y no sabes como reaccionar. Te sientas enfrente de una frase escrita en inglés en la pared, sacas tu bolígrafo de la mochila, escribes algo encima de ella y algo más corto debajo de ella, casi imperceptible, hay que fijarse mucho para leerlo, pero sabes que es tu legado, la decisión definitiva, recoges tu mochila y sales del túnel, no miras atrás, no hay vuelta atrás.
Una sombra de un árbol te da cobijo del sol de media tarde, estas tirado en el césped mirando al cielo, las nubes pasan a una velocidad asombrosa, exhalas humo de tu boca, las nubes desaparecen y todo se vuelve negro, el cantar de un pájaro se oye a lo lejos, las voces de unos adolescentes valencianos se acercan, te sientas y los miras. Cuantas caras conocidas en gente tan extraña.
Un valle se alza poderoso entre montañas, un arcoiris lo decora, dejas de andar y te sientas a contemplarlo. Naturaleza salvaje intentado ser domada por el hombre, algo imposible, sonríes, disfrutas de ese pequeño instante de alivio y felicidad, acabas de empezar tu viaje, aquello acababa de comenzar.
Silencio, en toda su expresión, silencio, el latido de tu corazón a punto de salirse reina en el ambiente. Empiezas a sudar de la tensión, pasos cortos, sin hacer ruido, abres la puerta con sumo cuidado y no la cierras, haría demasiado ruido, los despertaría, era algo que tenia que hacer sólo, sabia lo que le esperaba a la vuelta, pero era el precio que tenia que pagar.
Un sonido de gaitas lo acompañaba en su bajada, como un guerrero que regresa de una batalla, de una guerra interior, el sonido de iba haciendo más bajo a medida que se acercaba a la plaza. El sol le dio de lleno en la cara, la catedral a su izquierda, la enorme explanada a su derecha. Una voz mencionó su nombre desde el centro de la plaza, una chica con gafas de sol le esperaba con los brazos abiertos, se fundieron en un abrazo. Esta vez era él el que lloraba, su viaje estaba a punto de concluir, tres horas después estaba sentado en un portal. Se encendió un cigarro, suspiró, habían cambiado muchas cosas en él y otras seguían igual, pero pasara lo que pasara, esa semana y un día caminando había merecido la pena.
"no se trata de hacer lo que uno quiera
sino de querer lo que uno hace"